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La Primavera de los Cerezos

Jueves

Rosi dice que hay que tirar con todo. Tirar palante. Que no hay que pensar tanto la vida, sino ponerte con ello y pimpán, pimpán. Me encanta cómo habla Rosi. Me encanta cómo es Rosi, aunque a veces, cuando tengo un destello de lucidez o un día especialmente espeso, creo que está un poco loca. Rosi es mi vecina. Rosi, con una ese. Nada de Rossi y, mucho menos, Rossie, por mucho que diga la estúpida de su nuera. Rosi está viuda y tiene tres hijos; solo uno de ellos se casó y vive en otro barrio, uno mucho mejor que el nuestro, parece. Nunca lo he visto. Tampoco a ella, a su mujer, pero eso no quita para que yo piense que es una imbécil, porque nadie con dos dedos de frente y conociendo a Rosi le puede proponer… Leer más »Jueves

Coletazos

En el último año L ha adelgazado más de veinte kilos, se ha rapado la cabeza y se ha dejado una especie de barbita que más bien parece un campo de trigo mal segado. Él está encantado. Yo lo miro siempre de reojo. Tenemos todo preparado para ir a la playa. Siempre hemos sido de esas parejas que llevan solo un pareo gigante para los dos y una pequeña bolsa con un bote de crema, un libro y poco más. Pero este año no soporto el sol y me he comprado una pequeña sombrilla donde paso las horas mirando el mar de frente y a L de soslayo. Me he puesto el vestido de lunares y me he hecho el moño. Me salen fenomenal los moños. No son esos redondos de bailarina, ni esos otros que, después de media hora… Leer más »Coletazos

Quimérico

Era por la tarde. Yo estaba en una habitación desconocida, sentado en una especie de butaca de terciopelo y me afanaba en tallar una figura de madera con una navaja. Me resultó obvio, incluso estando dormido, que aquello era un sueño. La luz que entraba por la ventana era de un color extraño y yo decía: «Luz espuria, aire infausto». Luego bajaba la vista y continuaba tallando la madera, que resultaba ser un tótem. Cuando ya parecía que la cosa no daba más de sí, me ponía de pie con la figura en la mano y, asomado a la ventana, susurraba: «Todo está detenido en el estólido páramo». Cundo me desperté, las palabras «espurio», «infausto», «tótem» y «estólido» aún no se habían evaporado del todo. Quise incorporarme para escribirlas en un papel, pero la cabeza me daba vueltas. Me pregunté… Leer más »Quimérico

Gerundio

Leí hace poco un artículo del escritor Juan Tallón en el que decía que, por casualidad, había abierto una novela a voleo y que, en la página treinta y pico, había leído que uno de los personajes aprovechaba uno de sus pasos por el cuarto de baño para peinarse por enésima vez en el día. «La novela, también por casualidad, la había escrito yo mismo años atrás», dice Tallón. El personaje, que se llama Luca, estudia matemáticas y mantiene la teoría de que peinarse es una acción siempre en curso, nunca acabada. Dura toda la vida. «No puedes decir que estás peinado y que lo estás para siempre, de modo que al fin taches esa acción de la lista de los dolores de cabeza diarios». Tallón continúa explicando en el artículo que el peinado no es como el bautizo, o… Leer más »Gerundio