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La Primavera de los Cerezos

Paradoja

La casa de campo que habíamos alquilado para las vacaciones estaba bien en general y mal en particular. El sofá, por ejemplo, era cómodo, pero olía a otros. La habitación tenía buena pinta. Disponía de una gran cama y una mesa escritorio de color blanco envejecido con una pequeña lámpara a conjunto con las de las mesillas y unas cortinas blancas y vaporosas. Una lámina de unas amapolas daba color a la estancia que también olía a otros, aunque menos, tal vez por el ambientador a lavanda que descubrí en una esquina. Cuando llegamos, la ventana estaba cerrada y la persiana subida y enseguida pensé que debería haber sido al revés: la ventana abierta y la persiana bajad para que no entraran mosquitos, pero de alguna manera se refrigerara, aunque fuera hacía bastante calor. Yo tenía una imagen clara de… Leer más »Paradoja

Un amor de verano

La tarde era densa, como un chaquetón que pesa demasiado. Estábamos a finales de verano y la luz era de color gris rata; apenas corría el aire, que por esa misma razón se apelmazaba como un fardo sobre la piel y hacía que la respiración se ralentizara, como si fuera un fuelle extenuado. Era absurdo que hubiera decidido contra toda lógica sentarme en aquella terraza cuando, dentro del bar, había aire acondicionado. También parecía absurdo que él estuviera allí sentado a dos mesas de distancia. Yo hacía dibujos de espirales desganadas con la mano floja en una libreta que siempre llevo en el bolso. Él leía un libro fino, demasiado fino. Enseguida me entró curiosidad por saber de cuál se trataba, pero continué haciendo espirales que cada vez eran más grandes y pesadas, como aquella tarde. Éramos dos desesperados, sin… Leer más »Un amor de verano

Sin bordes

Un día decidí quitarme los bordes y ver qué pasaba.  Si los fabricantes del pan de molde lo habían hecho ya hace muchos años y (oh, transgresión) habían triunfado, por qué no iba a suceder lo mismo conmigo. Cuando me deshice de mis bordes, lo primero que experimenté fue un cierto mareo; vértigo, me atrevería a decir. Al desaparecer los contornos, todo era demasiado amplio y no había nada a lo que pudiera agarrarme. No había barandillas, no había dogmas. No había nada. Era como cuando de pequeña daba vueltas sobre mí misma sin ton ni son, por el mero hecho de girar y marearme; cuando paraba, no sabía nunca dónde estaba. Recuerdo que eso me gustaba y me disgustaba a partes iguales. Vivir sin bordes, al principio, fue algo así. Luego vinieron otras muchas cosas sorprendentes. Las palabras, por… Leer más »Sin bordes

Dos sujetos extraños

Cuando uno se acostumbra a una rutina, enseguida se da cuenta de cuando algo cambia. El otro día, no fue solo una cosa, sino dos. Estaba en el metro en la hora punta, pero me pude sentar, es lo bueno del comienzo de línea. Todo estaba en orden. Los hombres y las mujeres que a las ocho y cuarto de la mañana coincidimos para ir al trabajo (lo que no quiere decir, ni mucho menos, que nos saludemos o nos demos por enterados) teníamos nuestros móviles en la mano. No afanábamos, como todos los días, por escribir mensajes, echar un vistazo a las redes y ver vídeos. No faltaba el chico que lo hacía sin auriculares, pero en todo ese tiempo nadie le había dicho nada ni le había llamado la atención, porque en realidad no nos molestaba. Todos adoptábamos… Leer más »Dos sujetos extraños