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Detrás de la palabra: Marcescente

Esta entrada, en realidad, me habría gustado titularla (me habría encantado): «Árboles marcescentes, niebla engelante», una imagen tan potente y tan sutil a la vez que sobrarían todas estas palabras. Marcescente es aquel cáliz, corola u hoja que, después de marchitarse, permanece seco en la planta. Ocurre, en ocasiones, algunas mañanas de invierno, los árboles marcescentes sucumben a la niebla engelante, que los dota de ese blancor que es más que escarcha y menos que nieve. Se trata de una niebla constituida, sobre todo, por gotitas de agua subfundida (gotitas que permanecen en estado líquido a temperaturas inferiores a cero grados), que, al impactar contra la vegetación, se congelan, «dando lugar a depósitos de hielo conocidos como cencellada. Por lo tanto, la niebla engelante y la cencellada son fenómenos muy relacionados, pero no sinónimos: la niebla engelante es la causa… Leer más »Detrás de la palabra: Marcescente

Churros

A los churros les sobra un poco de aceite, pero, por contra, están crujientes, y eso es algo que siempre hay que valorar en los churros y en la vida. Cuando algo cruje está vivo, suena, aunque a veces no suene como tú quieras. Siempre me han sentado fatal los churros, los que tienen más grasa y los que tienen menos grasa; los churros se me han indigestado toda la vida, lo que no ha evitado que los haya tomado recurrentemente. Estos churros aceitosos y crujientes están la mar de buenos. La mar de buenos. ¿Por qué dicho «la mar de buenos» si yo nunca he usado esa frase? Tampoco había vivido nunca en un pueblo y aquí estoy, removiendo este chocolate caliente. La churrería es pequeña, casi no se puede ni respirar, parece la cocina de la señora que atiende,… Leer más »Churros

Jueves

Rosi dice que hay que tirar con todo. Tirar palante. Que no hay que pensar tanto la vida, sino ponerte con ello y pimpán, pimpán. Me encanta cómo habla Rosi. Me encanta cómo es Rosi, aunque a veces, cuando tengo un destello de lucidez o un día especialmente espeso, creo que está un poco loca. Rosi es mi vecina. Rosi, con una ese. Nada de Rossi y, mucho menos, Rossie, por mucho que diga la estúpida de su nuera. Rosi está viuda y tiene tres hijos; solo uno de ellos se casó y vive en otro barrio, uno mucho mejor que el nuestro, parece. Nunca lo he visto. Tampoco a ella, a su mujer, pero eso no quita para que yo piense que es una imbécil, porque nadie con dos dedos de frente y conociendo a Rosi le puede proponer… Leer más »Jueves

Coletazos

En el último año L ha adelgazado más de veinte kilos, se ha rapado la cabeza y se ha dejado una especie de barbita que más bien parece un campo de trigo mal segado. Él está encantado. Yo lo miro siempre de reojo. Tenemos todo preparado para ir a la playa. Siempre hemos sido de esas parejas que llevan solo un pareo gigante para los dos y una pequeña bolsa con un bote de crema, un libro y poco más. Pero este año no soporto el sol y me he comprado una pequeña sombrilla donde paso las horas mirando el mar de frente y a L de soslayo. Me he puesto el vestido de lunares y me he hecho el moño. Me salen fenomenal los moños. No son esos redondos de bailarina, ni esos otros que, después de media hora… Leer más »Coletazos