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Abuela

Un amor de verano

La tarde era densa, como un chaquetón que pesa demasiado. Estábamos a finales de verano y la luz era de color gris rata; apenas corría el aire, que por esa misma razón se apelmazaba como un fardo sobre la piel y hacía que la respiración se ralentizara, como si fuera un fuelle extenuado. Era absurdo que hubiera decidido contra toda lógica sentarme en aquella terraza cuando, dentro del bar, había aire acondicionado. También parecía absurdo que él estuviera allí sentado a dos mesas de distancia. Yo hacía dibujos de espirales desganadas con la mano floja en una libreta que siempre llevo en el bolso. Él leía un libro fino, demasiado fino. Enseguida me entró curiosidad por saber de cuál se trataba, pero continué haciendo espirales que cada vez eran más grandes y pesadas, como aquella tarde. Éramos dos desesperados, sin… Leer más »Un amor de verano

La abuela

Es la primera tarde de abril y huele a lluvia. De inmediato, me acuerdo de la abuela. No sé por qué surge esa asociación, porque jamás le escuché decir que le gustara la lluvia ni tengo ningún recuerdo que la vincule a ella. Han brotado las primeras amapolas en el muro de piedra de la estación del tren y, de repente, la echo tanto de menos que me duele no poder abrazarla. Me acuerdo de su casa pequeña y ordenada, como dice el poeta García Montero, y de las veces que venía a casa y hablaba y hablaba y yo apenas la escuchaba. Recuerdo perfectamente el tacto de sus manos y su forma de coger el periódico después de comer, antes de quedarse dormida. Me acuerdo de pronto de tantas cosas de la abuela… Se quedó viuda relativamente joven, aunque… Leer más »La abuela

Guerra y paz

Llegué a casa de la abuela a las cuatro de la tarde. La ceremonia no iba a celebrarse hasta un rato después, pero yo había querido ir un poco antes para estar de nuevo sola en aquella casa donde me iba reconociendo en cada estancia, en cada esquina. Me la sabía de memoria y, sin embargo, ahora me parecía extraña, como si hubiera encogido al mismo ritmo que había hecho ella, sobre todo en los últimos meses, desde que ingresó en la residencia. La despedida pretendía ser algo emotivo pero alegre, aunque yo sabía que la muerte termina entristeciendo y que todos íbamos a acabar llorando. Me dirigí a la cocina, en la que tantos días de verano la abuela Roge nos había dado de comer a los nietos. Antes de entrar me apoyé en el quicio de la puerta… Leer más »Guerra y paz