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Amor

La carta

Desde que descubrí la carta fui incapaz de separarme de ella durante unas semanas. La llevaba en mi bolso, la guardaba en la mesilla y alguna noche, incluso, la ponía debajo de la almohada. Era una carta preciosa. Una carta de amor que descubrí una tarde de invierno en lo alto del armario del trastero. Imagino que debía llevar ahí desde que nos mudamos tres años antes, cuando nació Lucía. Estaba dentro de un maletín que había quedado oculto por el trineo que Óscar puso ahí arriba para que molestara lo menos posible. Había nevado y aquella tarde de invierno fui a bajar el trineo porque al día siguiente teníamos pensado ir a jugar con los niños a la nieve. Me subí a una banqueta y al tocar el borde de plástico del trineo me pareció que había algo más.… Leer más »La carta

Luz

No dije nada a nadie. No tenía fuerzas y, además, no me interesaba su opinión. Ni la de mis padres, ni la de mi hermana, ni la de mis amigos, ni la de la psicóloga. Había sido un acto impulsivo: pasaba por delante de una agencia de viajes, me paré a ver una foto de una aurora boreal que tenían en el escaparate, miré hacia arriba, vi que se llamaba Tierras Polares, entré y en menos de media hora había contratado un viaje a las islas Lofoten, al norte de Noruega, para dentro de una semana. Había pasado un año desde que ella murió y no había hecho otra cosa que intentar sobrevivir. Básicamente, mi vida en los últimos doce meses se había reducido a llorar, pensar, recordar, caminar y medicarme para no volverme loco. Más que caminar, deambular. Cada… Leer más »Luz

Si el amor se puede nombrar…

Te miro y no me cuesta esfuerzo alguno reconocer ahora, tantos años después, tu mirada original, primera. Un brillo un poco loco que se expande y que traspasa tejidos, ideas y estructuras para llegar al corazón y emocionar. Lo hacía antes y lo sigue haciendo ahora. Era un brillo algo excesivo, quizá, para alguien como yo, una luz expansiva que me asombraba y me hacía preguntarme, a veces, de dónde salía y por qué. Nunca había visto una mirada como aquella posarse en mi rostro, en mis manos, en mi espalda. Ahora te miro y compruebo esa misma mirada, ese mismo brillo un poco febril que me inunda y se posa en mis ojos renovados que ahora saben que en aquellos primeros días sucedió un milagro que yo desconocía. Empezó a construirse un amor que ya estaba hecho, en realidad,… Leer más »Si el amor se puede nombrar…