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Casa

Guerra y paz

Llegué a casa de la abuela a las cuatro de la tarde. La ceremonia no iba a celebrarse hasta un rato después, pero yo había querido ir un poco antes para estar de nuevo sola en aquella casa donde me iba reconociendo en cada estancia, en cada esquina. Me la sabía de memoria y, sin embargo, ahora me parecía extraña, como si hubiera encogido al mismo ritmo que había hecho ella, sobre todo en los últimos meses, desde que ingresó en la residencia. La despedida pretendía ser algo emotivo pero alegre, aunque yo sabía que la muerte termina entristeciendo y que todos íbamos a acabar llorando. Me dirigí a la cocina, en la que tantos días de verano la abuela Roge nos había dado de comer a los nietos. Antes de entrar me apoyé en el quicio de la puerta… Leer más »Guerra y paz

Aire nuevo

A Elvira no le gustan los hospitales. Los detesta. Odia su olor, sus ruidos, su calor excesivo, reconcentrado, sin ventilar. Ella, que lo primero que hace cuando se levanta es abrir bien las ventanas para que entre el aire, sea el que sea. Carmen, su vecina, dice que es aire contaminado, que el aire de la ciudad está sucio, que lo ha oído en la radio, pero a Elvira le da igual, es aire, al fin y al cabo. Entra por las ventanas y quita el olor a viejo. Su propio olor, el de Manuel, el de los muebles, el del parqué desgastado. Todo está viejo en la casa. El aire rancio vuelve por la tarde y se acentúa por la noche, por eso por la mañana lo primero que hace es abrir. Le ha preguntado a Manuel si ventila… Leer más »Aire nuevo

Invitado

Se notaba que la cama era la de invitados. El somier crujía ligeramente, el colchón era blando y el edredón, demasiado grueso. Nada era como en mi cama, nuestra cama, mi excama. No la echaba de menos, esa es la verdad; tampoco a Natalia, que es quien se había quedado con la habitación (nuestra habitación, mi exhabitación), pero en las semanas que llevaba durmiendo en el cuarto de invitados me sentía, precisamente, así, como un invitado. O como si acabara de llegar a un sitio nuevo y todavía no me hubiera acostumbrado a las dimensiones del espacio, a sus olores. De hecho, mis cosas todavía estaban en cajas. Así me las había dado Natalia y ahí continuaban. Para poder poner mi ropa en el armario primero tenía que vaciarlo de viejos edredones, sábanas, pelotas de fútbol, cajas de zapatos, la… Leer más »Invitado