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Mujeres

Transespecie

Yo era, cómo decirlo, una especie de chico de los recados. O un asistente, aunque en realidad, para qué negarlo, solo estaba allí para hacer lo que esas cuatro mujeres me mandaban. Esas cuatro mujeres eran mi madre y sus tres hermanas. Es decir, Carmen, Ángela, Conchi y Josefina. Se juntaban cada quince días en casa de Conchi para jugar a las cartas, básicamente al chichón, aunque también le daban a la brisca, al cinquillo y a la escoba. Se sentaban alrededor de la mesa redonda (siempre en los mismos sitios) y, sin hablar de nada, comenzaba la juerga. Daba igual que fuera un jueves, el día que habían elegido para celebrar sus particulares timbas, y que fueran las cinco de la tarde. Ellas empezaban sus partidas y ahí es donde yo entraba en juego. —Martín, a ver esos gin-tonics.… Leer más »Transespecie

Fotohistorias: Rostros

    Que la belleza es relativa es una verdad como un templo. Y que, según donde vivas, tu cultura y tu educación, tendemos a asociar determinados rasgos con lo que se e tiende por belleza creo que es algo que no se puede negar. El concepto de belleza ha ido cambiando (no me atrevo a decir «evolucionando» porque a veces me parece una involución). En la prehistoria, los hombres preferían a las mujeres de grandes senos y caderas anchas, puesto que se asociaba esto a la fertilidad, la abundancia y la capacidad de parir y criar hijos sanos y fuertes. Si avanzamos en el tiempo, en el Renacimiento lo que triunfaba eran los cuerpos redondeados, de manos y pies finos, piel blanca, ojos grandes y pechos pequeños, véase La Primavera de Boticcelli. Ya con el Barroco vemos caderas caderas… Leer más »Fotohistorias: Rostros

Una mujer

Era el día de nuestro aniversario. Treinta años de casados, una cifra redonda, y había que celebrarlo. Claro que sí. Por todo lo alto, una ocasión así lo merecía. Todos parecían entusiasmados, la familia, los amigos, los compañeros… Últimamente solo se oía hablar de separaciones y de divorcios y un matrimonio como el nuestro había que celebrarlo. Ni Darío ni yo parecíamos demasiado entusiasmados en hacer algo especial, una cena podía estar bien. Un restaurante bonito, un buen vino y una carta de altura. Nadie, salvo Olga, se atrevió a decirlo, pero todos pensaban lo sosos y lo poco entusiastas que éramos. —Silvia, nena, de verdad que no te entiendo. Un marido así después de treinta años y tú como si nada. —Por eso mismo, Olga, porque ya son treinta años. A estas alturas, ya casi todo es como si… Leer más »Una mujer