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Recuerdos

La abuela chula

El día de Navidad siempre se comía en casa de la abuela chula. Era así como la llamábamos. Fue mi hermano el primero en hacerlo para distinguirla de la otra, porque la abuela chula iba siempre muy arreglada y maquillada. En exceso y con ropa estrafalaria, pero a nosotros nos encantaba, incluso su empachoso perfume a rosas. Llevaba sin verla desde la primavera, cuando decidí marcharme con Gabriel a Bruselas. Le habían ofrecido trabajar allí y a mí me daba igual traducir en un sitio que en otro. Creía que así lo nuestro se afianzaría y terminaría por definirse y asentarse. Volé el mismo día de Nochebuena y fui directa a casa de mis padres. Cuando entré en casa con la sonrisa que había ensayado en el taxi, papá levantó una ceja, mamá me dio detalladas instrucciones para preparar los… Leer más »La abuela chula

DETRÁS DE LA PALABRA: Cerezas

Vaya por delante: el texto que viene a continuación es una mezcla de añoranza y alegría. No siendo una persona especialmente nostálgica, hay imágenes que activan dentro de mí un calor que me recorre de abajo arriba (suele ser en ese sentido) hasta quedarse anclado en mi pecho, más exactamente en el corazón, que es lugar donde la vida palpita con todas sus emociones. La palabra «cereza» despierta en mí esa morriña. Porque cuando hablo de la palabra «cereza» estoy hablando de mi madre. Y hablar de mi madre es hablar, también, de alegría. Las cerezas guardan bajo su piel roja, tersa y brillante una risa abierta, estruendosa, fresca y contagiosa. Una explosión de vitalidad pura, como si fuera la esencia misma de la vida hecha fruto sagrado. Me encanta observar las cerezas, su color, su forma, su brillo… ya… Leer más »DETRÁS DE LA PALABRA: Cerezas

La abuela

Es la primera tarde de abril y huele a lluvia. De inmediato, me acuerdo de la abuela. No sé por qué surge esa asociación, porque jamás le escuché decir que le gustara la lluvia ni tengo ningún recuerdo que la vincule a ella. Han brotado las primeras amapolas en el muro de piedra de la estación del tren y, de repente, la echo tanto de menos que me duele no poder abrazarla. Me acuerdo de su casa pequeña y ordenada, como dice el poeta García Montero, y de las veces que venía a casa y hablaba y hablaba y yo apenas la escuchaba. Recuerdo perfectamente el tacto de sus manos y su forma de coger el periódico después de comer, antes de quedarse dormida. Me acuerdo de pronto de tantas cosas de la abuela… Se quedó viuda relativamente joven, aunque… Leer más »La abuela

Calamares y bombones

En todas las familias hay anécdotas que se repiten una y otra vez. En la mía, una de las favoritas tiene que ver con mi madre, que, haciendo una extraña concesión a la nostalgia impropia de ella, a veces nos contaba (siempre a petición nuestra, todo hay que decirlo) la vez que, después de cobrar su primer sueldo, allá por los años sesenta, se dio el gusto de entrar en un bar y pedirse un bocadillo de calamares con una cerveza, que se tomó tranquilamente y que le supieron a gloria. Mi madre disfrutaba mucho de los bocadillos y de los botellines, pero aquel, pagado con su primer sueldo, debió de saberle excepcionalmente rico. Para completar la jugada, entró en una confitería y se compró (cosas de aquella época) un cucurucho de bombones. No una caja, ni una lata de… Leer más »Calamares y bombones