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Recuerdos

Cerezas

Vaya por delante: el texto que viene a continuación es una mezcla de añoranza y alegría. No siendo una persona especialmente nostálgica, hay imágenes que activan dentro de mí un calor que me recorre de abajo arriba (suele ser en ese sentido) hasta quedarse anclado en mi pecho, más exactamente en el corazón, que es lugar donde la vida palpita con todas sus emociones. La palabra «cereza» despierta en mí esa morriña. Porque cuando hablo de la palabra «cereza» estoy hablando de mi madre. Y hablar de mi madre es hablar, también, de alegría. Las cerezas guardan bajo su piel roja, tersa y brillante una risa abierta, estruendosa, fresca y contagiosa. Una explosión de vitalidad pura, como si fuera la esencia misma de la vida hecha fruto sagrado. Me encanta observar las cerezas, su color, su forma, su brillo… ya… Leer más »Cerezas

La abuela

Es la primera tarde de abril y huele a lluvia. De inmediato, me acuerdo de la abuela. No sé por qué surge esa asociación, porque jamás le escuché decir que le gustara la lluvia ni tengo ningún recuerdo que la vincule a ella. Han brotado las primeras amapolas en el muro de piedra de la estación del tren y, de repente, la echo tanto de menos que me duele no poder abrazarla. Me acuerdo de su casa pequeña y ordenada, como dice el poeta García Montero, y de las veces que venía a casa y hablaba y hablaba y yo apenas la escuchaba. Recuerdo perfectamente el tacto de sus manos y su forma de coger el periódico después de comer, antes de quedarse dormida. Me acuerdo de pronto de tantas cosas de la abuela… Se quedó viuda relativamente joven, aunque… Leer más »La abuela

Calamares y bombones

En todas las familias hay anécdotas que se repiten una y otra vez. En la mía, una de las favoritas tiene que ver con mi madre, que, haciendo una extraña concesión a la nostalgia impropia de ella, a veces nos contaba (siempre a petición nuestra, todo hay que decirlo) la vez que, después de cobrar su primer sueldo, allá por los años sesenta, se dio el gusto de entrar en un bar y pedirse un bocadillo de calamares con una cerveza, que se tomó tranquilamente y que le supieron a gloria. Mi madre disfrutaba mucho de los bocadillos y de los botellines, pero aquel, pagado con su primer sueldo, debió de saberle excepcionalmente rico. Para completar la jugada, entró en una confitería y se compró (cosas de aquella época) un cucurucho de bombones. No una caja, ni una lata de… Leer más »Calamares y bombones

Colección

He estado, como imagino que muchos de vosotros, en casas donde se coleccionan cosas más o menos extrañas, desde dedales, máquinas de coser en miniatura, abanicos, gatos de porcelana, conchas de mar o incluso botes con arena de distintas playas. Hay quien, en un gesto de nostalgia puramente aterrador, guarda los dientes de leche de sus hijos. Deben de ser más de uno porque hay un objeto que se vende para, precisamente, guardar esos dientes. Quizá al aludir a esta extraña costumbre os parecerá raro o chocante que os cuente que en mi casa se coleccionaban ojos. No eran ojos de juguete, como los que a veces se les caen a los muñecos, ni ojos de verdad, obviamente. Era ojos postizos porque mi padre tenía problemas de visión y uno de sus ojos no era suyo, sino inventado, creado, elaborado… Leer más »Colección