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Silencio

¿Nueva normalidad?

El otro día me encontré con mi vecina del segundo. Hacía semanas (desde que comenzamos con este particular retiro) que no nos veíamos, pero después de los días raros nos habían dejado a salir a pasear por franjas horarias.  A mí me costaba vestirme con algo distinto que no fuera el pijama, así que decidí reconectar con el mundo poniéndome un chándal un poco brillante y antiguo que había encontrado en el último cajón del armario. Nos cruzamos en el portal, los dos con nuestras mascarillas. La mía, una que nos había echado al buzón el Ayuntamiento, la suya, una negra de lunares blancos con las cintas rojas. A los pocos segundos, me di cuenta de que, al respirar, las gafas se me empañaban. Y así, con mi chándal brillante, mi mascarilla blanca y mis gafas llenas de vaho, me… Leer más »¿Nueva normalidad?

De balcón a balcón

Nunca he tenido un pueblo y, por tanto, siempre he idealizado un poco las conversaciones de balcón o esas largas horas al atardecer cuando los vecinos sacan sus sillas a la acera para charlar de lo cotidiano o, simplemente, para estar. El otro día, a primera hora de la mañana, abrí las ventanas de la casa para ventilar y me asomé al balcón. Normalmente no lo hago porque, aunque la calle donde vivo es estrecha, tiene mucho tráfico, lo que equivale a mucha contaminación. Además, el edificio de enfrente está demasiado cerca para mi gusto. Como no me gusta sentirme observada, suelo tener la cortina corrida, a pesar de que eso implique tener menos luz. Pero en los días raros, hago cosas que normalmente no hago. Por ejemplo, salgo al balcón de madrugada y me siento en la pequeña silla… Leer más »De balcón a balcón

En los días raros

En los días raros, la vida se pone las zapatillas de lana y se desliza silenciosa, uno siente que sucede algo extraño… y empiezan a pasar muchas cosas. El silencio, por ejemplo, se despereza, abre los brazos para estirarse a gusto y, de hecho, se estira tanto que uno no está acostumbrado y necesita a toda costa oír algo. Es más fácil oír que escuchar. Escuchar el silencio de fuera y el propio silencio no es apto para todo el mundo, parece, porque cuando se hace el silencio en las calles, en las casas, en las habitaciones y en las mentes surgen un montón de voces que no son sino nuestra propia voz, tan clara que hay que pararse y sentarse un rato porque lo que dice a veces no gusta. Y, entonces, en los días raros, sucede que todo… Leer más »En los días raros

Incomprensión

Lo reconozco: estaba estresado. Es más, estaba muy estresado. Se me había caído el pelo de la coronilla y en lugar de una limpia calva habían aparecido una especie de escamas (no confundir con caspa, por favor) asociadas a un picor bastante insoportable. También los dedos de las manos tenían un aspecto extraño, como si se estuvieran pelando. No me picaban, pero me producían una sensación de escozor que me había llevado a morderme de forma continuada los labios, que finalmente también acabaron con pequeñas heridas y úlceras. Eso, por un lado. Por otro, tenía ardor de estómago, nuevo para mí, y no lograba conciliar el sueño. De madrugada, revisaba una y otra vez esas patologías y barruntaba sobre otras nuevas que podían surgir, tal vez un pinzamiento, contracciones en los trapecios, un buen lumbago, subida de la tensión arterial… Leer más »Incomprensión