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Soledad

Incomprensión

Lo reconozco: estaba estresado. Es más, estaba muy estresado. Se me había caído el pelo de la coronilla y en lugar de una limpia calva habían aparecido una especie de escamas (no confundir con caspa, por favor) asociadas a un picor bastante insoportable. También los dedos de las manos tenían un aspecto extraño, como si se estuvieran pelando. No me picaban, pero me producían una sensación de escozor que me había llevado a morderme de forma continuada los labios, que finalmente también acabaron con pequeñas heridas y úlceras. Eso, por un lado. Por otro, tenía ardor de estómago, nuevo para mí, y no lograba conciliar el sueño. De madrugada, revisaba una y otra vez esas patologías y barruntaba sobre otras nuevas que podían surgir, tal vez un pinzamiento, contracciones en los trapecios, un buen lumbago, subida de la tensión arterial… Leer más »Incomprensión

Fotohistoria: Lágrimas

  Todos, creo, conocemos los efectos que tiene llorar. Cuando un llora, suelta, descarga, libera. Las lágrimas condensan en cada gota una emoción, una alegría, un sufrimiento, algo retenido o algo que se dispara sin saber a veces cómo ni por qué. Cada lágrima nos alivia por dentro y permite comunicar a un nivel más profundo sensaciones y emociones difícilmente traducibles a palabras, al menos en ese momento. Lo magnífico de las lágrimas es que el que es dado a llorar (yo lo soy, y mucho) no controla en absoluto su llegada ni, en muchas ocasiones, sabe cómo pararlas. Estás leyendo algo y los ojos se te humedecen de pronto o escuchas a una amiga y te emocionas sin poder evitarlo; también con una canción o, simplemente, con una conversación ajena cazada fortuitamente. Con un recuerdo, con una preocupación, con… Leer más »Fotohistoria: Lágrimas