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Soñar

Trampantojo

Conocí a Belén Bermejo hace ya algún tiempo a través de Instagram, esa red al principio tan denostada incluso por mí misma porque había demasiado selfi y postureo (eso sigue, claro y está bien porque hay a quien le gusta), pero que a mí me ha permitido descubrir a gente admirable por lo que comparte, ya sean fotografías de viajes, recomendaciones y críticas literarias o cinematográficas, poetas, artesanos o cualquier manifestación artística… Belén Bermejo era editora, pero yo no la conocí por este oficio, sino por sus magníficas fotografías. Publicaba muchas y todas estupendas. Me solía detener durante algunos minutos a observarlas. Hay algo en ellas que atrapa: su sencillez, su color, su perspectiva, su cotidianidad, su alegría, su encuadre… Publicó un libro precioso titulado Microgeografías de Madrid. Un día le escribí para mostrarle mi admiración y trasladarle mi propuesta… Leer más »Trampantojo

En el mercado

Llevo tantos días viviendo en esta especie de trastero que he perdido la noción de mí mismo. Tal vez no sea un hombre normal y corriente, si es que ese concepto existe. Hace más de dos años que me quedé sin trabajo. También sin mujer, sin hijos, sin amigos. Todo ha ido desapareciendo a mi alrededor. Casi es un milagro que yo no me haya disuelto como la que era mi vida hasta no hace tanto tiempo. A estas alturas, ya da igual el orden de los factores: el resultado, en este caso, sigue siendo el mismo. Por empezar por algún punto, diré que un día me quedé en el paro. Me vi, con cincuenta y dos años y un finiquito nada desdeñable, en la calle, en mi casa. Con Pilar. Con la televisión. Con muchas horas vacías que fui… Leer más »En el mercado

Visualización

Llevaba tres domingos yendo a esa cafetería cuando me di cuenta de que había una mujer que también la frecuentaba a la misma hora que yo. En realidad, cuando yo llegaba, sobre las doce del domingo, ella ya estaba ahí. Creía haberla visto los dos domingos anteriores, pero solo estaba seguro de que eso había sido así la última vez porque cuando yo me marchaba me dirigió una sonrisa lánguida. Aquel domingo, aunque estaba sentada en otro sitio diferente, enseguida advertí su presencia. Ella tardó un rato en verme porque estaba enfrascada en la lectura de un libro fino, cuyo título no llegué a distinguir. A veces, levantaba la vista de las páginas, se quitaba las gafas, miraba por el cristal que daba a un patio interior lleno de plantas y luego retomaba la lectura o escribía en un pequeño… Leer más »Visualización