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Vecinos

Vaivén

Llevaba unos meses viviendo en aquella ciudad de provincia donde todo se me hacía demasiado extraño cuando mis nuevos compañeros de trabajo me invitaron a tomar unos vinos el viernes por la noche. Durante todas esas semanas apenas había salido. El traslado había sido forzoso y anhelaba el momento en que mi mujer y mi hija llegaran. Aún tardarían unos meses, pues los dos estuvimos de acuerdo en que era mejor que se acabara el colegio para que se instalaran conmigo. A través de un contacto, había conseguido un piso con un alquiler bajo, que nos permitiría asentarnos sin dificultades. Sabía de sobra que a mi mujer le iba a espantar todo: esa ciudad pequeña donde todos parecían conocerse, los días oscuros… y el piso. Debía de tener por lo menos cincuenta años y por dentro parecía todavía más antiguo… Leer más »Vaivén

¿Nueva normalidad?

El otro día me encontré con mi vecina del segundo. Hacía semanas (desde que comenzamos con este particular retiro) que no nos veíamos, pero después de los días raros nos habían dejado a salir a pasear por franjas horarias.  A mí me costaba vestirme con algo distinto que no fuera el pijama, así que decidí reconectar con el mundo poniéndome un chándal un poco brillante y antiguo que había encontrado en el último cajón del armario. Nos cruzamos en el portal, los dos con nuestras mascarillas. La mía, una que nos había echado al buzón el Ayuntamiento, la suya, una negra de lunares blancos con las cintas rojas. A los pocos segundos, me di cuenta de que, al respirar, las gafas se me empañaban. Y así, con mi chándal brillante, mi mascarilla blanca y mis gafas llenas de vaho, me… Leer más »¿Nueva normalidad?

De balcón a balcón

Nunca he tenido un pueblo y, por tanto, siempre he idealizado un poco las conversaciones de balcón o esas largas horas al atardecer cuando los vecinos sacan sus sillas a la acera para charlar de lo cotidiano o, simplemente, para estar. El otro día, a primera hora de la mañana, abrí las ventanas de la casa para ventilar y me asomé al balcón. Normalmente no lo hago porque, aunque la calle donde vivo es estrecha, tiene mucho tráfico, lo que equivale a mucha contaminación. Además, el edificio de enfrente está demasiado cerca para mi gusto. Como no me gusta sentirme observada, suelo tener la cortina corrida, a pesar de que eso implique tener menos luz. Pero en los días raros, hago cosas que normalmente no hago. Por ejemplo, salgo al balcón de madrugada y me siento en la pequeña silla… Leer más »De balcón a balcón