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Verano

Un amor de verano

La tarde era densa, como un chaquetón que pesa demasiado. Estábamos a finales de verano y la luz era de color gris rata; apenas corría el aire, que por esa misma razón se apelmazaba como un fardo sobre la piel y hacía que la respiración se ralentizara, como si fuera un fuelle extenuado. Era absurdo que hubiera decidido contra toda lógica sentarme en aquella terraza cuando, dentro del bar, había aire acondicionado. También parecía absurdo que él estuviera allí sentado a dos mesas de distancia. Yo hacía dibujos de espirales desganadas con la mano floja en una libreta que siempre llevo en el bolso. Él leía un libro fino, demasiado fino. Enseguida me entró curiosidad por saber de cuál se trataba, pero continué haciendo espirales que cada vez eran más grandes y pesadas, como aquella tarde. Éramos dos desesperados, sin… Leer más »Un amor de verano

Cursiva y comillas en la piscina

El sol caía con toda su fuerza sobre la tumbona, pero a cursiva no le disgustaba, es más, le gustaba recibir toda esa luz y ese calor porque decía que le daba un brillo especial y la estilizaba aún más. Las comillas, sin embargo, descansaban a la sombra de un cerezo. Como eran españolas (aunque la gente las llamaba a veces latinas, angulares o de pico) rehuían el sol fuerte, ya que les quemaba los codos y luego se pelaban, y eso hacía un efecto malísimo. El recelo entre ellas era tan antiguo que en ocasiones, en tardes como esa, se diluía en la canícula. Una de las misiones de la cursiva era, al igual que el de las mayúsculas y las comillas, resaltar una palabra o grupo de palabras con un sentido especial. Se trataba de enfatizar, para que… Leer más »Cursiva y comillas en la piscina

Detrás de la palabra: Mador

  No se me ocurría mejor manera de dar la bienvenida al verano que esta palabra. «Mador», para mí, es el inicio del verano, los bordes del verano, el perfil del verano. Esa ligera humedad que cubre la piel sin llegar a ser verdadero sudor representa estos primeros días del estío, donde la contundencia del calor, su pegajosidad y la indolencia que lo acompaña todavía no se han manifestado abiertamente. Donde resido, el sol empieza a explayarse a sus anchas, como debe ser en esta época, pero la piel, recién salida de una especie de hibernación forzada, está pálida, sensible, templada. No ha habido tiempo ni lugar para almacenar horas y horas de calor, de piscina, de mar, de aceras calientes, de cama desnuda. Es, por tanto, el momento del mador. El término es rotundo (diría que hasta cilíndrico) con… Leer más »Detrás de la palabra: Mador

Detrás de la palabra: Tricotosa

  Es agosto. Un grupo de amigas desayunamos en la cafetería del hotel de playa en el que estamos alojadas. Conversamos de series, de libros, de películas y, de pronto, surge la palabra «tricotosa». Y es algo inmediato: una sonrisa me llena la cara y, aunque no me puedo ver los ojos, juraría que me echan chispas, como el brillo del mar que observo desde ese ventanal cuando el sol se deposita en sus suaves ondas. Todo viene porque mi amiga me habla, ya no recuerdo bien por qué, del libro El crimen del vendedor de tricotosas, de Javier Gómez Santander, un título que me atrapa por completo. Pero volvamos a la palabra. «Tricotosa» es como el after sun que me daba mi madre después de la ducha, tras todo un día de playa jugando sin parar con mis hermanos… Leer más »Detrás de la palabra: Tricotosa